Irumaníacos *w*

29 ene. 2011

7 personalidades, 7 historias que contar... Cap. 17

Reacción/es: 
Me había dicho que era su hermana, pero no lo recuerdo muy bien...

Irume: Ah... Hola, Aya.
Aya: Si que has crecido, hermana mayor.
Irume: Eh... jaja... esto... ¿gracias?
Kizuke:  Aya, Irume sufre de amnesia, pero aún recuerda algunas cosas.
Aya: Ah... ya decía yo. Solíamos jugar juntas a veces-dijo mostrándome su sonrisa.

Miré al techo del lugar pensando que no sabía muy bien a lo que se refería... Respiré hondo y le di un beso en la mejilla a Aya.

Aya: ¿Y esto? -dijo un poco sonrojada.
Irume: Por nada -dije mientras sonreía.
Kizuke: Ella es así de... cariñosa...Bueno, con todos menos conmigo...-dijo mirándome fríamente.
Irume: Es que lo tuyo... es otro caso...-dije evitando su mirada y sonrojándome.
Kizuke: ¿¡Otro caso!?
Aya: Hermanito, ya -dijo cogiéndole del cuello de la camisa.
Irume: Anda, ven aquí -dije cogiéndole yo también del cuello de la camisa y dándole un beso en la mejilla.
Kizuke: Así me gusta, obediente -dijo rodeándome por la cintura con sus fuertes brazos.
Aya: Esto... ¿Hermanito?
Kizuke: Ah, ¿no te lo dijo mamá? Irume y yo estamos saliendo.

Cuando dijo eso me empecé a poner roja, parecía un tomate. Sin embargo, la cara de Aya se tornaba a un pálido blanco hasta que se desmayó. La llevamos al hospital y los padres de Kizuke entraron con ella a la sala de rehabilitación. De repente...

Aya: ¡¡Mi hermano es mio!! -dijo llorando y gritando desde la sala.
Irume: -con los ojos repletos de lágrimas mirando a Kizuke- Entonces... es todo culpa mía...
Kizuke: ¡No! -dije abrazándome- No es culpa tuya... Tranquilízate ¿vale?
Irume: No puedo... -dije agarrándole la camisa- he arruinado un reencuentro familiar, y encima... -dije volviendo a llorar.
Kizuke: Venga, vámonos de aquí -dijo extendiéndome una mano- Parece que Aya está mejor -sonrió.
Irume: -sonreí un poco- Mira que llegas a ser... tonto...

Kizuke sonrió al finalizar yo aquella frase. En verdad es un buen chico. Me llevó a casa para que me tranquilizase un poco. Nos despedimos, pero fue una despedida normal, cómo si fuésemos solo amigos. Suspiré y abrí la puerta de mi casa. En el salón estaba mi padre y dos personas más, mis abuelos.

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